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8 ene 2011

Me dicen que no te hable más. Que te corte el rostro. Que me olvide de vos. Que sos mala persona, una forra. Que no tecuesta nada cagarte en la amistad. Que sos una mierda. Queno te merecés que te chilenee. Queno me merecés. 
Y yo me pregunto: ¿Qué saben? ¿Tienen idea de lo que dicen/me piden? Es cierto: yo también lo pensé. Pero lo mío murió después de un punto. Lo mío era enojo. No era un pensamiento elaborado. Era hablar o escribir para descargarme. 
Tengo miedo, y no séqué quiero hacer.

5 ene 2011

Ya no sé cómo decirte lo mucho que me duele, lo mucho que me defraudaste, la depresión en la que me metiste. Ya no sé cómo hacer para recuperar lo que teníamos. Para volver a tener confianza ciega en vos. 
Pienso, pienso, pienso. Y mientras se me escapa el tiempo, la vida, el alma como una sombra. 
Y ahora que estoy vacía, enterrada por mí misma en mi cuerpo, me levanto sólo para decirte que no hay solución posible. Que el mejor remedio que encuentro es una botella de alcohol, una trasnochada conmigo misma, y los olvidos momentáneos. El tiempo compartido con mi vecino. El piano. Las hojas. La tinta que corre como sangre Y descubro que es sangre. La mía. Que soy yo muriéndome de a poco, dejándome por escrito. 
Me dicen -y no se cansan- que de esto tengo que aprender. Que del dolor se aprende. Pero no esta vez. ¿O lo que tengo que aprender es a no querer? ¿A no confiar? ¿A dejarme pasar por encima? ¿A odiar a la gente? 
No sé qué es lo que tengo que aprender de esto. Sí sé, por ejemplo, que me va a convertir en una piedra. Una piedra con sentimientos escondidos debajo de los pantalones (porque no uso pollera). Sé que todo esto va a terminar en nada. Pero tiempo al tiempo. Me conformo con verte una vez más por ahora y decirte en la cara todas estas cosas. Demostrarte lo mucho que me lastimaste. Y no voy a ser yo, sino vos, tu propio infierno. Y no vas a tener escapatoria. Vas a pasar por lo que paso yo, cuando te des cuenta que a él no lo querés. Que sos una egoísta. Y te vas a sentir mil veces peor, cuando además de lastimarme a mí, lo lastimes a él. Y adiviná algo: esa vez no voy a estar para vos. No voy a ir corriendo cuando me necesites, no esperes que te escuche todas las noches llorando en el teléfono, ni esperes que cuando lo hagas salga disparada a buscarte, estés donde estés. En ese momento te vas a dar cuenta de lo mucho que me lastimaste. Pero al ser una parte de mí como lo sos, también te lastimaste vos. Y yo ya no voy a estar. Ahí va a ser cuando te des cuenta de lo mal que hiciste las cosas.

Diario.

25 de julio

Comprender el sentido de mi espera. Imposible continuar así como si se tratara de aplacar y apiadar a "fuerzas superiores" que habitan un mundo que sería la otra orilla de éste.
No obstante, el desamor, los ojos cerrados, el deseo que se evapora frente a los rostros reales, la sabiduría apócrifa de la que se duerme en la espera. La infancia, esa ventana cerrada por la que se columbra la continuidad horrible de una sola estrella. Los deseos enunciados mediante voces llorosas. Esa noche al borde del mar: la fosforescencia de las arenas, la luna roja en lo oscuro -furiosa, obcecada-, noche en que aprendí la suprema negación del azar. Terraza blanca y roja, allí esperaba algo, alguien. ¿Para qué tanta espera? Para llegar al día de hoy, a mi voz que habla para no decir. Y ese lugar de silencio perfecto entrevisto tantas veces entre los horrores del alcohol. (Deseo muerto, compañero traidor.) Hablábamos con palabras vivas, ardientes y he aquí las sombras de pronto, la carencia de sexo, esta sed que sólo requiere sustitutos. Se ha perdido, en un instante, el deseo auténtico, el que alentaba en tus noches temblorosas.
El yo de mi diario no es, necesariamente, la persona ávida por sincerarse que lo escribe.
Sucede esto: sufro. Son las 19.30 h. Tengo miedo. Se ha perdido lo que nunca se tuvo.

4 ene 2011

Estoy enferma: me descubrí verborrágica. Pero hace mil días que no hablo con nadie. Me descubrí verborrágica en lo escrito. Me descubrí verborrágica en el llanto. Me descubrí y punto. Y a pesar de haberme descubierto no sé quién soy, dónde estoy ni qué hago. Me encontré en un segundo (aunque quizá fuera menos) atrapada dentro mío. Con ganas de salir y de divorciarme de mi espantoso casamiento con el espejo. Queriendo saltar desde mi interior y rasguñar con las zarpas la oscuridad interna. Me descubrí cubierta de un velo irrompible al que otros llaman cuerpo. Esa carne que quema y es insoportable dando alaridos de dolor, con los huesos rígidos que quieren escaparse y destrozar todo. Con los huesos clavados en el alma. Los huesos son mi úica compañía y quiero quebrarlos, quemarlos y regalarlos Quiero escapar de la agonía constante de ser yo. Espero sentada a que alguien venga a reclamarme, pero -lo olvidé porque es fácil hacerlo- recuerdo que nadie nunca lo hizo y nadie nunca lo va a hacer. Olvidé que la soledad es la única que me acompaña. Y olvidé también que así estoy bien. Que si no fuera por ese dolor cerca del corazón, un dolor supranatural, un dolor del alma que no se ubica pero sé dónde está. Un dolor que no es físico. Olvidé que eso es lo que me hace acordar que estoy viva, aunque a veces lo crea.

Soledad.

Lo bueno de la soledad es no tener que hacer lo que no se tiene ganas. Andar sucio y desprolijo. Estar pero no estar. Desnudarse sin necesidad de otro cuerpo. Lo bueno de la soledad es no tener malas compañías. Es poner Maná, Bach, Chopín, Lady Gaga, Joan Jett, The Runaways y No doubt todo mezclado sin que nadie te diga nada. Lo bueno es poder tomarte un fernet a las tres de la tarde, a las tres y media un vaso de vodka con naranja, a las cinco un whisky atrás de otro. Y vomitar todo en donde se te canta haciendo arcadas y riéndote porque nadie te escucha ahogarte en inmundicias. Lo bueno de la soledad es que me acompañan los recuerdos que yo quiero que me acompañen. Lo bueno de la soledad es fumar hasta que me falta el aire e innundar todo con el humo: la colcha, los almohadones, el decorado, la lluvia que cae, el aire, la cortina de la ducha, a mí, a ella, a él, a todos juntos, a ellos juntos, a mí con él, a mí con ella, todo o nada.
Lo bueno de la soledad es que estás acá conmigo cuando te necesito, y cuando quiero que te vayas desaparecés. Lo bueno de la soledad es la compañía fiel de uno mismo. Lo bueno de la soledad es cuando la interrumpe un primo para hacerte compañía en la parte vacía de la cama. Acompañarte tres días e irse para respetar tu soledad. Lo bueno de la soledad es estar solo y acompañado al mismo tiempo. Lo bueno de la soledad es que los libros tienen más sabor, más vida, más muerte, más locura, menos cordura, más colores, más blancos, más negros, más rojos, más azules, más verdes. Lo bueno de los libros es que te dan soledad estando acompañado.
Y lo bueno de mí es que me escapo de mí misma para encontrarme en tercera persona.
Esa sombra azul había salido de mí. Mejor dicho, esa sombra azul ra otro de mis yo que se escapaba. Y no me corrí, no me busqué, no me encontré. No me encontré con mi sombra azul que soy yo. Solamente la vi pasearse triste por cada rincón. La vi mendigar en las esquinas, la vi sufrir en todo su esplendor. Pero nadie más la veía. Por eso me tomaron por psicópata cuando me abrazaba al aire y gritaba. Esa sombra azul era otro de mis yo que se escapaba de mí para dejar de agonizar.

Soluciones grado 1.

Hace unos días me preguntaron por qué no te mandé a la mierda. Por qué no te dejé la cabeza como una puerta giratoria. Por qué salí con vos. Por qué te di la mano después de todo. Respondí que esas cosas no importaban, porque no te podía mirar a los ojos. Y si no te miro a los ojos, entonces no estoy con vos. Le estoy dando la mano, compartiendo parte de mi vida y charlando con alguien sin nombre. 
Me volvieron a preguntar por qué quería arreglar las cosas con vos, si era para volver a decirte que te quiero, para darte un abrazo, para pasear de la mano con un nombre, para volverte a mirar a los ojos. Respondí que no. Que una fisura como la que me hiciste no lo perdono. Así es, no lo perdono. Siguieron insistiendo en que explicara mi mecanismo de defensa. 
Expliqué, entonces, que quería volver a compartir segundos fijos con vos. Pero que se desgastaban. No eran los mismos, porque era imposible volver a todo eso. Lo qu me da bronca y tristeza. Pero ¿para qué voy a estar mal? Si el daño ya está hecho y no se puede curar, ¿para qué seguir sufriendo sin vos? 
Me dí cuenta que soy un ser incoloro, amorfo, insomne, que lee Pizarnik y vive para escaparse de sí misma. Que se mira el cuerpo porque no existe otra cosa. Que en cada letra deja una partecita de su vida, para no tener que sacarla toda de una vez. Me di cuenta que soy la encarnación de la depresión.

2 ene 2011

Ya me enojé, ya me puse mal (bah, pasado...), solamente me falta superar todo esto y enterrarte.

1 ene 2011

...

No sé si hoy no estoy triste a pesar de ciertas cosas, porque de a poco me voy dando cuenta quién realmente vale la pena. Quien no me puede fallar, ni lo va a hacer. Quien me va a ser fiel pase lo que pase. Inclusive aunque nos separemos. SMis conclusiones, siempre terminan desembocando en la misma persona: la que ya me falló, traicionó, no me fue fiel, y por sobre todo la que NO vale la pena.
¿Por qué?
Porque -por sutocensura, o represión- prefiero tener sus recuerdos agradables, cuando sin expresarlo me decía que no me iba a fallar, cuando con una mirada me gritaba que valía la pena.
Pero hoy, ya no. Hoy me doy cuenta que la alta traición, no es solamente atentar contra la patria. Porque con traición no alcanza.
También me doy cuenta que me enojé con la persona equivocada, por estar dolida. Dolor y enojo son dos cosas muy distintas y tan fácil de confundir. Más adelante planeo pedirle las respectivas disculpas ¿por qué no ahora? Fácil: porque sigo muy dolida. No es culpa de él. Es libre, y a mi no me interesa, tampoco. Solamente me dolió un poco.
Ahora, lo que le dije a él, era todo para ella que me falló. Todos los insultos, eran para ella. Igual que las ganas de bajarle todos los dientes (aunque esas siempre fueron para vos, "amor").
Dios mío, esta mina hipócrita no me deja empezar bien el año ¿ves?


PD: Tal vez para vos no sea nada serio, pero yo me cuidaría, te va a decir que sí a todo para no perderte.

31 dic 2010

Otro más.

Me fijo en el calendario, para ser exacta. Hace tres días que no duermo. Empecé con los horarios de sueño cambiado. Eran las tres de la mañana y si no había salido, seguía en estado de vigilia. Quería cerrar los ojos, peor o podía. Y mágicamente se hacían las cinco. Intentá dormir con todas las abominaciones esas cantando en la ventana al ritmo del "pío-pío". Y se hacían las seis y media. Las siete. A eso de las ocho con suerte me podía dormir.
Pero hace tres días, miré el reloj, y me decía que eran las nueve y media. Y de las nueve y media a las diez, de las diez a las once, de las once a la una, y así seguía. Empecé a perder noción del tiempo, cuando me aparecieron las ojeras. Me tratan como si estuviera enferma, o muriéndome. Mirá que para que mi papá me de un beso.. ¡está julera' la cosa!
Pero en fin, cada vez que intento cerrar los ojos (cuando el cansancio decide hacerme algún chiste y me da a pensar que esta noche, por fin voy a poder dormir), empiezo a divagar, y todo termina en forma de poema con cuatro o cinco versos. No más. O en algún textito autobiográfico, que después subo al blog con mucha corrección y parsimonia.
Pero no es eso lo que me más me atormenta, es pensar que no me siento capaz de volver a mirarte a ls ojos, de invitarte un café, de abrazarte, de dormir con vos, no me siento capaz de volver a decirte que te quiero. Es que no me siento capaz de quererte como antes. Lo que sí siento, es un desgaste paulatino de ese cariño que sentía inmóvil. Lo siento irse, no escaparse, irse con permiso, con mi autorización. Lo dejo que se vaya. Que se pierda. Que te encuentre y te diga de dónde viene, para que entiendas lo que vos hiciste.
Y ahora (como el resto de la noche), vuelve ese pensamiento, esa decisión que sé que en algún momento voy a tener que tomar. Como si fuera fácil elegir entre dos posibilidades tan seductoras como una vieja en pelotas. Pero es así, no quiero que nadie lo haga por mí. No hay manera de equivocarme más todavía. Pero, sigo insistiendo, no es para nada fácil. ¿Cómo se elige algo así, cuando del resultado de lo que YO decida hacer puede terminar tan mal?

¿Te mato mentalmente, o te vuelvo a mirar a los ojo?

30 dic 2010

Estar bien.

El esfuerzo mental que tengo que hacer para no matar a golpes a la gente que pasa por la calle. Y no sabe. Y no entiende nada. Y no se da cuenta. Porque no es su culpa. 
Infinidad de personas que pasan y no entienden que no tiemblo de frío. Que es tristeza. Que se me rompe el corazón. No, no se me rompe: me lo rompiste vos. Tirito de frío, y de miedo. 
Sí, ahora también tengo mucho miedo. ¿Siempre fue así? ¿Por qué me toca llorar a mí? ¿Por qué me fallaste así? ¿Por qué me cambiaste? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
No quiero que me duela más. Quiero que se termine ya. Puto el momento en que te conocí. No. No en el que te conocí. Después de todo, te conocí para ayudar a un amigo sin esperanzas. Puto, entonces, el momento donde te empecé a querer. Puto el momento donde te consideré mi amiga. Puto cada momento que pasé con vos. Cada vez que te adoré como a pocas. Puto, sobre todo, el momento donde empecé a confiar en vos. 
Me dijiste que sentías que me estabas traicionando. ¿No se te ocurrió que sentís eso, porque fue lo que pasó? 
No quiero sentir más nada. No quiero pensar. No quiero respirar. No quiero tener alma, cerebro o corazón. No quiero escuchar. Quiero convertirme en un ser (o un no-ser) de piedra. Quiero que te quede grabada toda mi tristeza para siempre. Quiero romperte la cara de una trompada, y que entiendas lo mucho que me duele tu bienestar. 
Y, sin emabrgo, te das cuenta que no lo hago. ¿Sabés por qué? Porque siempre pensé en dar todo por verte bien. Y acá tenés la prueba: estoy dando absolutamente todo por tu bienestar. Estoy cambiando mis sentimientos mediocres, las úniacs partículas de alegría que tenía. Estoy cambiando el aire que respiro, por verte bien. No te grité, no te insulté, y no te partí la cara como debería haber hecho. Todo para que estés bien.



¿Cuánto mal puede hacerte el bien de otro?

29 dic 2010

"Me hace bien"

Es extraño ¿no? cómo las personas que más queremos y necesitamos son las que ás nos terminan lastimando Cómo se nota en cada silencio y en cada mirada que las cosas no están bien. Y sentir que te falta la mitad de la historia, la otra cara.
De hecho, es hasta cómico con qué facilidad uno puede aceptar de muy buen grado lo que le hace mal, para que la persona que querés esté bien. Sí, es cierto qu eme tomó por sorpresa. Quizá sea por la cantidad de veces que me lo negaste. O porque yo pensaba que era imposible. Aunque, ahora que lo pienso, la palabra no era imposible. La palabra era "improbable".
Pero no es el hecho en si lo que me termina perturbando. Es que me tmaste por idiota.
Estuvimos juntos los tres, nosreímos, nos abrazamos, nos sentimos vivos. Y ahora resulta que fue todo una hipocresía tan grande.
Pero lo más gracioso, es que hiciste eso mismo que tanto criticaste, y dijiste que estaba tan mal. Que no habían pensado en la otra persona. JÁ. ¿Te acordás? sus "actitudes de mierda", las estás repitiendo vos, ahora.
Pero, ojo, sí te voy a dar la razón cuando me dijiste: "Y nosotros no estamos ayudando a cambiarlo" (H I P Ó C R I T A)
Me mentiste durante todo este tiempo. Pero claro, "te hacía bien", lo entiendo. Después de todo ¿qué te puedo decir? Eras consciente de lo que hacías, y de cómo podía llegar a responder yo. Pero ¿sabés? no soy yo la que se tiene que sentir mal consigo misma. Eso te toca a vos. Yo tengo MUY en claro que NUNCA te haría algo así.
Pero todo esto, son palabras vacías. Escribo para intentar encontrarme O para encontrarun refugio entre los espacios de las letras. Y sentir que todavía hay alguien ahí que NO ME VA A FALLAR.
Escribo para pasar en un mínimo el malestar, pero es imposible decir en pocas palabras cómo me siento. Porque es imposible describir tanta mezcla de sentimientos. No sé cómo expresar tanta desepción , tristeza, tanto disgusto, tanto enojo, tanta furia, casi odio. Esta sensación de asco, de querer vomitarlos y enterrarlos. (Pero juntos, así les hago un favor). De querer olvidarlos, aún sabiendo que es imposible.
Pero bueno, así están las cosas ahora, y a esto nos toca enfrentarnos ¿qué se le va a hacer?





PD: No esperes nunca que te devuelva el favorcín, porque me siento incapaz.

30 nov 2010

Sensible.

Tengo la pava, para los mates encima de la hornalla, hace casi veintitrés minutos. Me tengo que levantar a buscarla, pero también quiero terminar de leer YA Pigmalión. Siento que la desición es entre el placer del agua verde transitando mi garganta, o aprobar Literatura. 
Claro está, en lo primero que pensé fue en tomar unos mates. Rico. (Así me empieza a funcionar la mente, cuando algo me gusta: se me acorta el poder de expresión, y resumo todo en cortas expresiones de palabras rutinarias. Allá los que no les guste, a mi me funiona). 
Bueno, sí. Me levanté, y fui a apagar el fuego, pensando que me iba a tomar unos matecitos con el agua hervida. Lo pruebo: el líquido me hiela la garganta. ¿Cómo puede eso ser posible? En fin. 
Dejo el mate aparte, y cada tanto rescato alguno. Vuelvo a la lectura. "Pigmalión y la recalcada concha de tu madre". Después de eso, pido perdón en voz alta, a los cuartos vacíos de la casa. "Pigmalión, gracias". Sos, en verdad, la segunda oportunidad. 
Pero, me hacés acordar a ella. Digo, con esto de cambiar completamente a un ser humano, y pensar que no recuerda quién es. Por no importarle, a Higgins qué va a ser de Elisa. A vos no te importó qué iba a ser de mí. Y que me cambiaste, bueno, no hay duda alguna ¿no? 
Pero todavía me acuerdo quién era antes de vos. ¿Por qué no te llevaste eso también, cuando te fuiste?
Puse dos canciones lentas seguidas. 
Me causa gracia, me autocompadezco. Que pedazo de choclo, por favor. 
Sigo leyendo. 
Me molesta la discución entre Higgins y Elisa. Son como eran las nuestras ¿viste? Nos queríamos desarmar, pero en el medio y como objetivo final, nos reclamábamos atención, y cariño. 
Ahora digo: "La recalcada concha de tu puta madre, Bernard Shaw. ¿No podías escribir un puto libro sin sensibilidad, y dejarme en paz?"