Mostrando entradas con la etiqueta soledad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta soledad. Mostrar todas las entradas
4 ene 2011
Estoy enferma: me descubrí verborrágica. Pero hace mil días que no hablo con nadie. Me descubrí verborrágica en lo escrito. Me descubrí verborrágica en el llanto. Me descubrí y punto. Y a pesar de haberme descubierto no sé quién soy, dónde estoy ni qué hago. Me encontré en un segundo (aunque quizá fuera menos) atrapada dentro mío. Con ganas de salir y de divorciarme de mi espantoso casamiento con el espejo. Queriendo saltar desde mi interior y rasguñar con las zarpas la oscuridad interna. Me descubrí cubierta de un velo irrompible al que otros llaman cuerpo. Esa carne que quema y es insoportable dando alaridos de dolor, con los huesos rígidos que quieren escaparse y destrozar todo. Con los huesos clavados en el alma. Los huesos son mi úica compañía y quiero quebrarlos, quemarlos y regalarlos Quiero escapar de la agonía constante de ser yo. Espero sentada a que alguien venga a reclamarme, pero -lo olvidé porque es fácil hacerlo- recuerdo que nadie nunca lo hizo y nadie nunca lo va a hacer. Olvidé que la soledad es la única que me acompaña. Y olvidé también que así estoy bien. Que si no fuera por ese dolor cerca del corazón, un dolor supranatural, un dolor del alma que no se ubica pero sé dónde está. Un dolor que no es físico. Olvidé que eso es lo que me hace acordar que estoy viva, aunque a veces lo crea.
Soledad.
Lo bueno de la soledad es no tener que hacer lo que no se tiene ganas. Andar sucio y desprolijo. Estar pero no estar. Desnudarse sin necesidad de otro cuerpo. Lo bueno de la soledad es no tener malas compañías. Es poner Maná, Bach, Chopín, Lady Gaga, Joan Jett, The Runaways y No doubt todo mezclado sin que nadie te diga nada. Lo bueno es poder tomarte un fernet a las tres de la tarde, a las tres y media un vaso de vodka con naranja, a las cinco un whisky atrás de otro. Y vomitar todo en donde se te canta haciendo arcadas y riéndote porque nadie te escucha ahogarte en inmundicias. Lo bueno de la soledad es que me acompañan los recuerdos que yo quiero que me acompañen. Lo bueno de la soledad es fumar hasta que me falta el aire e innundar todo con el humo: la colcha, los almohadones, el decorado, la lluvia que cae, el aire, la cortina de la ducha, a mí, a ella, a él, a todos juntos, a ellos juntos, a mí con él, a mí con ella, todo o nada.
Lo bueno de la soledad es que estás acá conmigo cuando te necesito, y cuando quiero que te vayas desaparecés. Lo bueno de la soledad es la compañía fiel de uno mismo. Lo bueno de la soledad es cuando la interrumpe un primo para hacerte compañía en la parte vacía de la cama. Acompañarte tres días e irse para respetar tu soledad. Lo bueno de la soledad es estar solo y acompañado al mismo tiempo. Lo bueno de la soledad es que los libros tienen más sabor, más vida, más muerte, más locura, menos cordura, más colores, más blancos, más negros, más rojos, más azules, más verdes. Lo bueno de los libros es que te dan soledad estando acompañado.
Y lo bueno de mí es que me escapo de mí misma para encontrarme en tercera persona.
Lo bueno de la soledad es que estás acá conmigo cuando te necesito, y cuando quiero que te vayas desaparecés. Lo bueno de la soledad es la compañía fiel de uno mismo. Lo bueno de la soledad es cuando la interrumpe un primo para hacerte compañía en la parte vacía de la cama. Acompañarte tres días e irse para respetar tu soledad. Lo bueno de la soledad es estar solo y acompañado al mismo tiempo. Lo bueno de la soledad es que los libros tienen más sabor, más vida, más muerte, más locura, menos cordura, más colores, más blancos, más negros, más rojos, más azules, más verdes. Lo bueno de los libros es que te dan soledad estando acompañado.
Y lo bueno de mí es que me escapo de mí misma para encontrarme en tercera persona.
Esa sombra azul había salido de mí. Mejor dicho, esa sombra azul ra otro de mis yo que se escapaba. Y no me corrí, no me busqué, no me encontré. No me encontré con mi sombra azul que soy yo. Solamente la vi pasearse triste por cada rincón. La vi mendigar en las esquinas, la vi sufrir en todo su esplendor. Pero nadie más la veía. Por eso me tomaron por psicópata cuando me abrazaba al aire y gritaba. Esa sombra azul era otro de mis yo que se escapaba de mí para dejar de agonizar.
Soluciones grado 1.
Hace unos días me preguntaron por qué no te mandé a la mierda. Por qué no te dejé la cabeza como una puerta giratoria. Por qué salí con vos. Por qué te di la mano después de todo. Respondí que esas cosas no importaban, porque no te podía mirar a los ojos. Y si no te miro a los ojos, entonces no estoy con vos. Le estoy dando la mano, compartiendo parte de mi vida y charlando con alguien sin nombre.
Me volvieron a preguntar por qué quería arreglar las cosas con vos, si era para volver a decirte que te quiero, para darte un abrazo, para pasear de la mano con un nombre, para volverte a mirar a los ojos. Respondí que no. Que una fisura como la que me hiciste no lo perdono. Así es, no lo perdono. Siguieron insistiendo en que explicara mi mecanismo de defensa.
Expliqué, entonces, que quería volver a compartir segundos fijos con vos. Pero que se desgastaban. No eran los mismos, porque era imposible volver a todo eso. Lo qu me da bronca y tristeza. Pero ¿para qué voy a estar mal? Si el daño ya está hecho y no se puede curar, ¿para qué seguir sufriendo sin vos?
Me volvieron a preguntar por qué quería arreglar las cosas con vos, si era para volver a decirte que te quiero, para darte un abrazo, para pasear de la mano con un nombre, para volverte a mirar a los ojos. Respondí que no. Que una fisura como la que me hiciste no lo perdono. Así es, no lo perdono. Siguieron insistiendo en que explicara mi mecanismo de defensa.
Expliqué, entonces, que quería volver a compartir segundos fijos con vos. Pero que se desgastaban. No eran los mismos, porque era imposible volver a todo eso. Lo qu me da bronca y tristeza. Pero ¿para qué voy a estar mal? Si el daño ya está hecho y no se puede curar, ¿para qué seguir sufriendo sin vos?
Me dí cuenta que soy un ser incoloro, amorfo, insomne, que lee Pizarnik y vive para escaparse de sí misma. Que se mira el cuerpo porque no existe otra cosa. Que en cada letra deja una partecita de su vida, para no tener que sacarla toda de una vez. Me di cuenta que soy la encarnación de la depresión.
2 ene 2011
1 ene 2011
...
No sé si hoy no estoy triste a pesar de ciertas cosas, porque de a poco me voy dando cuenta quién realmente vale la pena. Quien no me puede fallar, ni lo va a hacer. Quien me va a ser fiel pase lo que pase. Inclusive aunque nos separemos. SMis conclusiones, siempre terminan desembocando en la misma persona: la que ya me falló, traicionó, no me fue fiel, y por sobre todo la que NO vale la pena.
¿Por qué?
Porque -por sutocensura, o represión- prefiero tener sus recuerdos agradables, cuando sin expresarlo me decía que no me iba a fallar, cuando con una mirada me gritaba que valía la pena.
Pero hoy, ya no. Hoy me doy cuenta que la alta traición, no es solamente atentar contra la patria. Porque con traición no alcanza.
También me doy cuenta que me enojé con la persona equivocada, por estar dolida. Dolor y enojo son dos cosas muy distintas y tan fácil de confundir. Más adelante planeo pedirle las respectivas disculpas ¿por qué no ahora? Fácil: porque sigo muy dolida. No es culpa de él. Es libre, y a mi no me interesa, tampoco. Solamente me dolió un poco.
Ahora, lo que le dije a él, era todo para ella que me falló. Todos los insultos, eran para ella. Igual que las ganas de bajarle todos los dientes (aunque esas siempre fueron para vos, "amor").
Dios mío, esta mina hipócrita no me deja empezar bien el año ¿ves?
PD: Tal vez para vos no sea nada serio, pero yo me cuidaría, te va a decir que sí a todo para no perderte.
¿Por qué?
Porque -por sutocensura, o represión- prefiero tener sus recuerdos agradables, cuando sin expresarlo me decía que no me iba a fallar, cuando con una mirada me gritaba que valía la pena.
Pero hoy, ya no. Hoy me doy cuenta que la alta traición, no es solamente atentar contra la patria. Porque con traición no alcanza.
También me doy cuenta que me enojé con la persona equivocada, por estar dolida. Dolor y enojo son dos cosas muy distintas y tan fácil de confundir. Más adelante planeo pedirle las respectivas disculpas ¿por qué no ahora? Fácil: porque sigo muy dolida. No es culpa de él. Es libre, y a mi no me interesa, tampoco. Solamente me dolió un poco.
Ahora, lo que le dije a él, era todo para ella que me falló. Todos los insultos, eran para ella. Igual que las ganas de bajarle todos los dientes (aunque esas siempre fueron para vos, "amor").
Dios mío, esta mina hipócrita no me deja empezar bien el año ¿ves?
PD: Tal vez para vos no sea nada serio, pero yo me cuidaría, te va a decir que sí a todo para no perderte.
31 dic 2010
Otro más.
Me fijo en el calendario, para ser exacta. Hace tres días que no duermo. Empecé con los horarios de sueño cambiado. Eran las tres de la mañana y si no había salido, seguía en estado de vigilia. Quería cerrar los ojos, peor o podía. Y mágicamente se hacían las cinco. Intentá dormir con todas las abominaciones esas cantando en la ventana al ritmo del "pío-pío". Y se hacían las seis y media. Las siete. A eso de las ocho con suerte me podía dormir.
Pero hace tres días, miré el reloj, y me decía que eran las nueve y media. Y de las nueve y media a las diez, de las diez a las once, de las once a la una, y así seguía. Empecé a perder noción del tiempo, cuando me aparecieron las ojeras. Me tratan como si estuviera enferma, o muriéndome. Mirá que para que mi papá me de un beso.. ¡está julera' la cosa!
Pero en fin, cada vez que intento cerrar los ojos (cuando el cansancio decide hacerme algún chiste y me da a pensar que esta noche, por fin voy a poder dormir), empiezo a divagar, y todo termina en forma de poema con cuatro o cinco versos. No más. O en algún textito autobiográfico, que después subo al blog con mucha corrección y parsimonia.
Pero no es eso lo que me más me atormenta, es pensar que no me siento capaz de volver a mirarte a ls ojos, de invitarte un café, de abrazarte, de dormir con vos, no me siento capaz de volver a decirte que te quiero. Es que no me siento capaz de quererte como antes. Lo que sí siento, es un desgaste paulatino de ese cariño que sentía inmóvil. Lo siento irse, no escaparse, irse con permiso, con mi autorización. Lo dejo que se vaya. Que se pierda. Que te encuentre y te diga de dónde viene, para que entiendas lo que vos hiciste.
Pero hace tres días, miré el reloj, y me decía que eran las nueve y media. Y de las nueve y media a las diez, de las diez a las once, de las once a la una, y así seguía. Empecé a perder noción del tiempo, cuando me aparecieron las ojeras. Me tratan como si estuviera enferma, o muriéndome. Mirá que para que mi papá me de un beso.. ¡está julera' la cosa!
Pero en fin, cada vez que intento cerrar los ojos (cuando el cansancio decide hacerme algún chiste y me da a pensar que esta noche, por fin voy a poder dormir), empiezo a divagar, y todo termina en forma de poema con cuatro o cinco versos. No más. O en algún textito autobiográfico, que después subo al blog con mucha corrección y parsimonia.
Pero no es eso lo que me más me atormenta, es pensar que no me siento capaz de volver a mirarte a ls ojos, de invitarte un café, de abrazarte, de dormir con vos, no me siento capaz de volver a decirte que te quiero. Es que no me siento capaz de quererte como antes. Lo que sí siento, es un desgaste paulatino de ese cariño que sentía inmóvil. Lo siento irse, no escaparse, irse con permiso, con mi autorización. Lo dejo que se vaya. Que se pierda. Que te encuentre y te diga de dónde viene, para que entiendas lo que vos hiciste.
Y ahora (como el resto de la noche), vuelve ese pensamiento, esa decisión que sé que en algún momento voy a tener que tomar. Como si fuera fácil elegir entre dos posibilidades tan seductoras como una vieja en pelotas. Pero es así, no quiero que nadie lo haga por mí. No hay manera de equivocarme más todavía. Pero, sigo insistiendo, no es para nada fácil. ¿Cómo se elige algo así, cuando del resultado de lo que YO decida hacer puede terminar tan mal?
¿Te mato mentalmente, o te vuelvo a mirar a los ojo?
30 dic 2010
Estar bien.
El esfuerzo mental que tengo que hacer para no matar a golpes a la gente que pasa por la calle. Y no sabe. Y no entiende nada. Y no se da cuenta. Porque no es su culpa.
Infinidad de personas que pasan y no entienden que no tiemblo de frío. Que es tristeza. Que se me rompe el corazón. No, no se me rompe: me lo rompiste vos. Tirito de frío, y de miedo.
Sí, ahora también tengo mucho miedo. ¿Siempre fue así? ¿Por qué me toca llorar a mí? ¿Por qué me fallaste así? ¿Por qué me cambiaste? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
No quiero que me duela más. Quiero que se termine ya. Puto el momento en que te conocí. No. No en el que te conocí. Después de todo, te conocí para ayudar a un amigo sin esperanzas. Puto, entonces, el momento donde te empecé a querer. Puto el momento donde te consideré mi amiga. Puto cada momento que pasé con vos. Cada vez que te adoré como a pocas. Puto, sobre todo, el momento donde empecé a confiar en vos.
Me dijiste que sentías que me estabas traicionando. ¿No se te ocurrió que sentís eso, porque fue lo que pasó?
No quiero sentir más nada. No quiero pensar. No quiero respirar. No quiero tener alma, cerebro o corazón. No quiero escuchar. Quiero convertirme en un ser (o un no-ser) de piedra. Quiero que te quede grabada toda mi tristeza para siempre. Quiero romperte la cara de una trompada, y que entiendas lo mucho que me duele tu bienestar.
Y, sin emabrgo, te das cuenta que no lo hago. ¿Sabés por qué? Porque siempre pensé en dar todo por verte bien. Y acá tenés la prueba: estoy dando absolutamente todo por tu bienestar. Estoy cambiando mis sentimientos mediocres, las úniacs partículas de alegría que tenía. Estoy cambiando el aire que respiro, por verte bien. No te grité, no te insulté, y no te partí la cara como debería haber hecho. Todo para que estés bien.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)